El cambio de sistema de riego de superficie a localizado dota a la explotación de regadío de un importante potencial de mejora de la eficiencia en el uso del agua de riego, pero esta cualidad puede no expresarse si el cambio de sistema de riego no viene acompañado, asimismo, de un cambio en los hábitos de riego por parte de los usuarios finales. La mejora técnica que supone el riego por goteo permite un adecuado ajuste de las cantidades de agua a las necesidades de los cultivos, pero para ello esas necesidades deben ser conocidas por técnicos y agricultores.

 

El cálculo para la determinación de los requerimientos de agua de los cultivos propuesto por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura es el método más extendido.

 

El procedimiento, en síntesis, estima las necesidades hídricas a partir de:

 

1. Las variables climatológicas que determinan la demanda evaporativa o evapotranspiración de referencia (ETo) y un factor ligado al cultivo, denominado coeficiente del cultivo (Kc).

 

2. De este modo, las necesidades hídricas o evapotranspiración del cultivo (ETc) se calculan como:

 

ETc = ETo * Kc

 

Naturalmente en la expresión anterior, hay que considerar el efecto de la lluvia, en el caso de que ésta se produzca. La cantidad de lluvia que efectivamente es aprovechada por un cultivo es un valor muy difícil de parametrizar. Se han tenido en cuenta, por tanto, modelos sencillos de estimación de la Precipitación Efectiva (Pef) para el cálculo de las Necesidades de Riego Netas.

 

NRN= ETc – Pef

 

A partir de aquí, las Necesidades Brutas de Riego se obtienen teniendo en cuenta la Eficiencia de la Instalación y, en su caso, la Fracción de Lavado cuando haya que compensar con el manejo del riego, las consecuencias negativas de la utilización de aguas salinas.

 

La ETo y Precipitación se obtiene partir de la información proporcionada por las estaciones meteorológicas integradas en la Red SIAR.

 

En cuanto a Kc depende del tipo de cultivo y su fase de desarrollo. El método más aplicado para el cálculo del coeficiente de cultivo es el de la FAO, que se puede consultar en FAO 56.

 

Sin embargo, este procedimiento no proporciona pauta alguna en cuanto a las dosis y frecuencias adecuadas a fin de optimizar la aplicación del riego y evitar, en particular, posibles pérdidas de agua y nutrientes por drenaje.

 

Por todo ello, en los últimos años se lleva desarrollando una labor de extensión respecto de la utilidad y aplicabilidad de sensores de medida de la humedad del suelo.

 

La utilización de sensores de humedad supone un salto cualitativo importante en la mejora de la programación del riego ya que permite una estimación bastante precisa de la cantidad de agua que debe incorporar al sistema suelo-planta en cada momento.

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