El riego del cultivo de la patata supone, aproximadamente, un 15% de los gastos fijos totales de explotación, lo que hace que sea de vital importancia hacer una mejor gestión del agua, ya que repercute positivamente sobre los rendimientos de la explotación.

 

La patata es un cultivo exigente en agua, requiere tener agua disponible de manera constante para asegurar el rendimiento y la calidad de los tubérculos, pero al mismo tiempo requiere surcos bien drenados para evitar los encharcamientos prolongados. Los rendimientos se ven condicionados por la falta de agua en tres momentos críticos:

 

– Nascencia. La falta de agua en este periodo reduce la formación de estolones y, por tanto, de tubérculos.

– Inicio de tuberización. La tuberización se inicia aproximadamente de una a dos semanas antes de la floración. Es el momento de mayores necesidades hídricas, pero la falta de agua provoca el retraso en la formación de los tubérculos, por lo que se producirán patatas de menor tamaño.

– Tuberización. La escasez de agua a los cuarenta o sesenta días después de la floración provoca un menor engrosamiento de los tubérculos, menor producción y alteraciones fisiológicas.

 

Por el contrario, la falta de agua en el periodo de maduración incrementa el contenido en materia seca y acelera la maduración, permitiendo arranques más tempranos.

 

El cultivo de la patata permite el uso de cualquier sistema de riego, aunque mayoritariamente se riega por aspersión, el riego localizado o por goteo presenta ventajas sobre otros.

 

– Óptimo aprovechamiento del agua.

– Mejor adaptación a la fertirrigación.

– Reducción del riesgo de enfermedades al no mojar el follaje.

– Menor dependencia de factores climáticos, especialmente del viento.

– Mejor adaptación a cualquier topografía (pendiente, forma de la parcela).

– Fácil automatización del sistema.

– Reducción del gasto energético.

– No interfiere con otras labores.

 

El riego por gravedad cada vez está más en desuso porque el consumo de agua es mayor y porque los planes de modernización de regadíos están sustituyendo este sistema de riego por el de riego a la demanda, más cómodo para el agricultor y más eficiente.

 

La eficiencia de los diferentes métodos de riego, expresada en porcentaje de aprovechamiento del agua utilizada para regar, es:

 

– Riego por aspersión: 80% de eficiencia teórica.

– Riego con cañón: 70% de eficiencia teórica.

– Riego por goteo: 90% de eficiencia teórica.

– Riego por gravedad: 50% de eficiencia teórica.

 

Para calcular la dosis de riego y el intervalo entre riegos hay que tener en cuenta una seria de factores: agua, suelo, capacidad de campo, punto de marchitez, evapotranspiración, coeficientes de cultivo, necesidades hídricas, eficiencia del sistema de riego, etc. para que siempre haya agua disponible para la planta en el perfil donde existe mayor crecimiento radicular.

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