El maíz ocupa el tercer puesto por importancia entre los cereales, después del trigo y el arroz, en la economía alimentaria.

 

Como promedio el consumo hídrico se considera en unos 5000-6000 m³/ha para el desarrollo de todo el ciclo de cultivo alcanzando elevados niveles productivos. Naturalmente estos valores son variables según la disponibilidad hídrica del terreno, el curso climático y la técnica de cultivo.

 

El programa de riego debe satisfacer perfectamente las exigencias hídricas en el período incluido entre la emisión del penacho (unas dos semanas antes de la floración) hasta la maduración lácteo-cerosa, (5-6 semanas después de la floración) por un total de 50-60 días.

 

Durante todo el ciclo productivo el tiempo de riego y el volumen de irrigación deben calcularse para racionalizar el empleo del recurso hídrico evitando el mínimo estrés, que se manifiesta con un marchitamiento foliar que podría significar una pérdida de producción estimable en algunos casos en 6-8% al día.

 

El volumen de irrigación debe establecerse en modo de mojar la capa superficial de suelo de aproximadamente 0,70 m de espesor.

 

Hasta los primeros años del nuevo milenio el maíz siempre había sido regado con métodos caracterizados por una baja eficiencia de riego. Gracias a la nueva conciencia ambiental, a la creciente disminución de los recursos hídricos y al aumento de los costes energéticos, en los últimos años también se ha desarrollado el empleo del riego por goteo en el cultivo del maíz.

 

Las ventajas del empleo del goteo en maíz son varias y de gran importancia:

 

– Se consigue un aumento promedio del rendimiento del 30-40%;

– Mejor calidad de los granos gracias a la reducción de los períodos de estrés hídrico y nutricional que se traduce en una reducción de los ataques de micotoxinas;

– Ahorro hídrico del orden del 30% gracias también a la indiferencia del método por goteo respecto al viento y a la pérdida por evaporación;

– Con el fertirriego es posible distribuir los fertilizantes en modo oportuno y fraccionado en el tiempo para satisfacer en el mejor modo las exigencias del maíz.

 

El riego del maíz con riego localizado se realiza utilizando las adecuadas cintas de goteros de duración estacional provistas de goteros de laberinto y de flujo turbulento de diferente caudal y distancia entre los goteros.

 

La técnica de la subirrigación se aplica cada vez más frecuentemente en el cultivo del maíz. Esta práctica permite alcanzar los más altos niveles de eficiencia de riego y ahorro de los elementos nutritivos distribuyendo directamente los abonos en la rizosfera. La instalación se efectúa en modo mecánico y en este caso será necesario usar goteo integrado de mayor espesor con respecto a las utilizadas en superficie.

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